Mezcla de compañero de juerga nocturno y músico autoconstruido, Waits es una leyenda viviente.
2003. Año de aniversarios en el cine y la música. 10 años desde la muerte de Federico Fellini, 10 también desde que partiera el mítico y olvidado River Phoenix.
Un personaje de la música, y también del cine, celebra 30 años desde la aparición de su disco debut, llamado "Closing Time". Es el "viejo" Tom Waits, figura de la música de los "bajos fondos" o el blues más urbano.
Waits, junto con su notable carrera como cantautor, ha hecho una no menor como actor en el celuloide, con películas como "The Cotton Club" (1984), "Down by law" (1986), "The fisher king" (1991) o "Dracula" (1992).
Es en 1949, al interior de un taxi que circulaba por California, que nace Tom Waits. Un hecho nada de ajeno a lo que ha sido su existencia, marcada por la sordidez, la noche, el alcohol y el cigarrillo.
En Los Ángeles se inicia su romance con la música, gracias a que es descubierto por Herb Cohen, quien a la larga se transformaría en su manager, y el gestor de su primer contrato discográfico.
Hasta ese momento, Waits se desempeñaba como camarero de clubes nocturnos. Los mismos que lo vieron subirse a tocar el piano en sus primeros años.

Amigo del fabuloso cineasta llamado Jim Jarmusch, Waits, ha estado ligado al cine tanto por la actuación, como por la composición de bandas sonoras. Las más destacadas han sido la de "Una noche en la tierra", para la que fue convocado por el mismo Jarmusch. La otra, que tuvo una nominación al Oscar, fue la de "One from the heart", dirigida por Francis Ford Coppola.

De sus discos de estudio, destacan el excelente "Blue Valentine" (1978); el experimental "Swordfishtrombone" (1983), donde se la juega por incorporar sonidos algo "extraños" a los que nos tenía acostumbrados; "Bone Machine" (1992) lo muestra más preocupado y el reciente "Mule Variations" (1999) lo devuelve a su lado más oscuro y auténtico. Y esa voz trasnochada que invita a tener una extensa y profunda conversación.

Waits, un cigarro y una copa. Combinación explosiva y perfecta para una noche "tratando de cambiar el mundo", y pensando en las riquezas de nuestra existencia. Y también en nuestras pobrezas.